jueves, 19 de noviembre de 2015

CUERNO DE LA LUNA







Dos poemas publicados en la revista literaria Cuerno de la luna (Murcia).



Amar
Es adivinar el color de cada horizonte,
arrinconar los ángulos de la tristeza.

Es modular la voz de los océanos.

Y que estalle el tiempo en presente.

Contaminándose el aire…
De ti
y de mí.




Tus labios me hacen cada vez más fuerte.
Tus manos construyen horizontes blancos.
Tus ojos ahuyentan los lados más trágicos de mi memoria.

Tu cuerpo avanza…Siempre hacia mí

Y así es como llego
hasta la inmensa ciudad de las calles violeta:

Contigo…
Contigo…
Contigo…





martes, 17 de noviembre de 2015

CANTO EN SEPIA de Carmen Membrilla Olea. RESEÑA ESCRITA POR ANTONIO PRAENA.



En una cultura del fragmento resulta un verdadero placer intelectual y estético encontrarnos con una obra que no cede a la tentación de la inmediatez, sino que se aborda a sí misma desde una perspectiva de largo alcance, que se pone a sí misma en observación para intentar hallar el sentido que la recorre, la línea de su propio itinerario, la sucesión de sus momentos, aun cuando esto requiera dejar hacer al tiempo.
Esa es una de las características sobresalientes de “Canto en sepia”. A lo largo de sus páginas podemos seguir con una claridad no exenta de misterio, de magia y de sugerencia un itinerario en el que lo vital y lo poético se fusionan. En este sentido, el disfrute autónomo de cada poema y el sentido diacrónico en que los textos se suceden, se articulan y potencian mutuamente.
Es decir, Carmen Membrilla ha dispuesto sus poemas en una línea de elástica claridad a través de la cual este libro nos adentra en una historia y una evolución. Aunque el poemario se ha articulado a manera de ópera italiana-algo que subraya la vocación musical advertida en el interior mismo de los poemas y sus continuas referencias musicales-, vamos a seguir el pormenor de sus cuatro partes para transitar el recorrido de nuestra poeta.
La primera de ellas, “Atravesar la niebla”, nos pone ante una ausencia, una ausencia que intuimos ya amorosa, pero que no se explicita abiertamente más allá de sus símbolos y sus efectos. Estos son lágrimas, flores sin aroma, bocetos difuminados, serpientes, sombras incomprensibles, muertes, hielo, soledad, cajones vacíos, persianas bajadas y puntos suspensivos, muchos suspensivos marcando gráficamente a la vez la ausencia y la espera, la incompletez y la expectativa.
En este estado vital y literario abundan los interrogantes. No sabemos a quién, si al ser ausente, al lector o al ser poético, a la autora de estos versos, que habremos de encontrar al final del libro mismo. Pero ello es lo de menos, porque el interés de la lectura recae en el nivel en que Membrilla Olea se sitúa, el de la raíz y la base de las cosas: “¿Te has preguntado alguna vez cuánto vale tu alma?/¿Cuál es el verdadero impulso que la hace vibrar?(…)¿te has preguntado alguna vez/dónde viven las respuestas que esperas?”.
A pesar de todo ello algo inquietante nos sale al paso también en esta primera parte. Se trata de la rememoración, la constante rememoración, no sabemos si amenaza o anticipo, lastre o tabla de salvación. Solo sabemos en este momento que hay que seguir leyendo, pues la poesía es cuestión de palabras y solo en ellas se devela lo que en ella está velado.
Con la segunda parte pasamos de lo recitativo a lo “cantabile”. El mismo cambio de registro nos va a sugerir un avance temático y formal. Es decir, aunque muy, pero que muy sutil y tímidamente, va haciendo su entrada la melodía. Si era niebla lo predominante en la primera parte, ahora es la luna quien preside este segundo estadio del camino. Se abre una luz, aún con heridas, sí, pero no ya la cerrada y opaca luz de la niebla que antes impedía ver más allá. La luna, aunque sangrante aún, aparece para constatar visibilidad y liberación de las trampas de la subjetividad.
Porque esa es la clave. Aun en un ambiente de confusión, el protagonista de estos versos avanza, deja atrás algo que creyó ser, se desprende de lo inútil.
De la parálisis inicial hemos pasado al camino; verbos como avanzar, huir y juegos preposicionales como “detrás de mí”, “sin retroceso” así lo constatan. Y es que va tomando cuerpo una nueva actitud poética que da cuenta de una nueva actitud vital. Es más-porque no olvidemos que un poemario es siempre un acto de lenguaje-asistimos al momento en el que la belleza, en este caso la música y la poesía, son también motor de la vida (no olvidemos esto): “Sobre las ruinas de nuestro pasado/florecen las piedras sin nombre,/los acordes de guitarra”-nos dice-“los violines descansan/y aquellas partituras que fueron tristes/comienzan a caer desde los árboles.”-constata. En efecto, la música va invadiendo los versos, aunque tímida aún.
Y una cosa se nos va mostrando más nítidamente: la evolución poética y anímica tienen que ver con un amor. La presencia variable de este y su lejanía o proximidad desencantan o imantan o iluminan el avance de los versos hasta llevarnos al final de esta segunda parte, a un tiempo nuevo donde reaparecen los aromas, las aventuras o el color dorado de los sueños. Una paz extraña, igualmente irrumpe en las páginas sin que podamos decir que los rescoldos del dolor se hayan extinguido. Más bien ambos conviven todavía. Todavía hay fuegos difíciles sobre los que descansa el alma del poeta. Y es en ese escenario concreto y no en otro donde finalmente emerge la figura de un hombre nuevo. ¿Es el amor recuperado? ¿Es el ser nuevo de quien escribe? ¿Es la poeta?
Prosigamos por tanto no sin antes señalar que el viaje interior en el que Carmen Membrilla nos ha embarcado no deja de recordarnos la trayectoria propuesta por Luis Rosales en “Diario de una resurrección”.
Llegados a la tercera parte, la eclosión de un nuevo paisaje es ya evidente. Un paisaje de mar que deja atrás la sequedad. El mismo título nos arrastra a romper contra las olas la inercia en que el dolor nos sumía. El mar y cuanto lo rodea es, en efecto, la simbólica dominante: alas de espuma, corrientes, transparencia, playa, sal, gaviotas, horizonte…son los elementos de esta tramo del camino más sustantivado y en el que el inquietante recuerdo del amor se disuelve para poder integrarse: “Tus ojos me parecen más ajenos,/y el recuerdo de tus manos/se diluye en contacto con el agua/y con la sal”.
Otra respiración corresponde formalmente al nuevo estado de ánimo y, por supuesto, se presiente un lenguaje nuevo. En este punto, Carmen Membrilla muestra haber sabido implicarnos en su “Canto en sepia” no solo por la evolución temática sino por la progresiva clarificación formal con que el libro avanza. Los versos se hacen cortos y precisos, respondiendo a una necesidad más figurativa y menos abstracta. Encontramos, igualmente, discretos pero sugerentes párrafos anafóricos, como apuntando una necesidad de canto exigida por este nuevo tiempo solar y marino: “Tiempo para cantar,/tiempo para detener,/ tiempo para seguir buscando conchas”.
Nuestra poeta, en efecto arroja su tristeza, ahora sí, al fondo del mar “muy lejos de los nombres que duelen/y de todos los nudos del invierno” para dar paso a la última parte, estación de llegada.
Lo primero que encontramos en esta cuarta parte: “La poesía de la histeria” es un ser nuevo. Parece que aquel hombre intuido al principio y a quien se han abierto preguntas y puntos suspensivos no es la figura del amado ni un nuevo amor. Es la poeta, que en este tramo final muestra haber hecho suyos el llanto y la soledad anteriores, los capítulos del miedo y lo fragmentado, hasta el punto de haberlos convertido en materiales de una nueva construcción.
La segunda conclusión y quizá la más significativa, consiste en que en esta parte final la nueva personalidad poética se ha solidificado e identificado con una especie de fiesta final en cuya pista de baile se entrecruzan tendencias irracionales, conversaciones místicas, música estridente, emociones borrachas, locura y verdad…Y es que siempre hay un estilo paracada ficción. Por ello forma y contenido responden a sus mutuas necesidades. Y esta es la razón por la que nuestra poeta se deja arrastrar como si el llanto no existiera, ni la soledad.
Es el canto final, estación de llegada de este viaje, resurrección desde la que constatar que el dolor pasa. No hay temblor ni adverbio ni adjetivación ahora para cantar con toda rotundidad que se está vivo. Como no podría ser de otra manera, en correspondencia con la dimensión musical que atraviesa este poemario, Membrilla Olea nos comparte que se deja arrastrar por una música que se eleva a la luna.
En este viaje-ahora lo vemos con toda nitidez- la escritura ha sido una verdadera tabla de salvación. Y ello hasta tal punto que ya no hay modo de separar persona y poema, vida y escritura. Llegamos así a un estado metaliterario, es decir: la poesía se ha convertido en tema de la poesía porque ahora la poesía es parte de la poeta. Así de simple. La celebración de la resurrección hasta la que hemos avanzado en estos versos es celebración de la poesía como parte ahora indisociable de la identidad de este nuevo ser poético. Por ello Carmen Membrilla exclama: “Escribir siempre”. Y algo más: su escritura, su poesía se diferencia de la anterior porque es ahora poesía que ha salido a la calle. Ha abandonado las estancias vacías, las persianas bajadas, el vaho en los cristales para mezclarse con las calles, sus colores, la hierba de las grietas de las losas. No solo hemos asistido a una transformación personal sino también y sobre todo, estilística.
No puede haber mejor final: Los dos últimos versos nos muestran a alguien inmerso en un baile incesante en cuyo ebrio movimiento compone himnos y admira paraísos, que –nos promete- parecen definitivos. Si lo son o no, solo podremos comprobarlo en el próximo poemario de Carmen Membrilla Olea.
Un libro para aquellos que no se resignan. Testimonio de una progresión y homenaje a la belleza de la música y la escritura como camino y  a la vez, plenitud. Una opción por lo abierto y lo por venir que no esquiva los lugares y los tiempos sepia de nuestra vida. Una emersión desde las concavidades a lo abierto en la palabra y el canto. Una promesa cuya confirmación intuimos cercana.

Antonio Praena.

22 de octubre de 2015.